Javier Aoiz Orduna: Cuando los objetos cuentan una vida

Hay exposiciones que se visitan. Y hay exposiciones que se experimentan. La muestra «Objetos de una vida desplegada» de Javier Aoiz Orduna y su hermana Pepa Aoiz, que pudimos visitar recientemente en Studio RGF en Arriaza 11 @studiorgf_en_arriaza11, pertenece sin duda a la segunda categoría.

Esta exposición es, ante todo, un ejercicio de memoria. Pero no de esa memoria fría y archivística, sino de la memoria viva, la que late en los objetos cotidianos, en los espacios compartidos, en las escenas que construyen una vida familiar. Javier Aoiz @aoizorduna junto a su hermana Pepa @pepaaoiz , ha creado un relato visual profundamente emotivo: un homenaje a sus padres a través de dos escenas domésticas interpretadas por dos miradas, dos técnicas, dos sensibilidades distintas.

El aparador de la costura y la mesa del jardín: dos escenarios, infinitas memorias

Las dos escenas que vertebran la exposición son de una sencillez extraordinaria: el aparador con los objetos de costura de la madre —con su caja, la taza, las tijeras— y la mesa del jardín de la casa del pueblo —con la vajilla verde, la jarra de agua—. Nada más. Y sin embargo, todo.

Porque en esos objetos aparentemente insignificantes se condensa toda una vida. La caja de costura habla de tardes de labor, de manos que reparan, de paciencia y cuidado. La vajilla verde del jardín evoca veranos, comidas en familia, conversaciones bajo la sombra. Son escenas que cualquiera de nosotros podría reconocer: esos espacios domésticos que se convierten en territorio emocional, en paisaje interior.

Javier y Pepa Aoiz han pintado las mismas escenas, pero con dos miradas completamente diferentes. Y ahí reside la magia de esta exposición: en ver cómo un mismo momento, un mismo espacio, un mismo conjunto de objetos se transforma cuando pasa por el filtro de dos sensibilidades artísticas distintas. No es un ejercicio de competencia, sino de complementariedad. Cada uno aporta su lenguaje propio, su forma de mirar, su manera de entender esos fragmentos de vida compartida.

El resultado es un diálogo visual donde las obras se enriquecen mutuamente, se completan, conversan entre sí. Mirar la mesa de costura a través de los ojos de Javier y luego a través de los de Pepa es asistir a un desdoblamiento de la memoria: la misma escena, pero vista desde dos lugares emocionales distintos.

La mirada de Javier: lo cotidiano como territorio

Conocemos bien la obra de Javier Aoiz en The River. De hecho, tenemos el privilegio de contar con dos piezas suyas en nuestra Colección Permanente: dos vistas diferentes de Madrid Río que pintó específicamente para nosotros. Una representa el puente de Perrault, la otra el puente de Toledo. Ambas son mucho más que paisajes urbanos. Son fragmentos de realidad cotidiana capturados con una sensibilidad única, donde los lugares que habitamos se convierten en territorio emocional.

Y esa es precisamente la esencia del trabajo de Javier: contar cosas de la realidad que le rodea. Los objetos, las personas, los lugares que forman parte de su experiencia personal no son meros motivos pictóricos, sino protagonistas de un relato íntimo. En su pintura hay una presencia constante de lo cercano, de lo vivido, de lo que realmente importa cuando miras hacia atrás.

Si en las obras de Madrid Río que tenemos en The River, Javier pintaba el paisaje urbano que atravesamos cada día, en «Objetos de una vida desplegada» se adentra en el paisaje de la memoria familiar. Pero lo hace con la misma honestidad y delicadeza: sin artificio, sin pretensiones grandilocuentes, dejando que sean los objetos y los espacios los que hablen.

La mesa de costura no es solo un simple aparador. Es un retrato silencioso de su madre. La vajilla verde no es solo vajilla. Es el eco de todas las comidas compartidas, de todos los veranos en el pueblo. Javier pinta objetos, pero está pintando afectos. Y esa es su gran capacidad: convertir lo cotidiano en extraordinario, hacer visible lo invisible.

Una escena complementaria

Además de las dos escenas paralelas que comparte con Pepa, Javier presenta una escena complementaria que amplía el relato y le da una dimensión adicional. Esta pieza funciona como una especie de contrapunto visual, un último apunte que cierra (o abre) el círculo de la memoria, añadiendo otra capa de significado al homenaje que ambos hermanos dedican a sus padres.

Técnica y emoción: un equilibrio perfecto

Desde el punto de vista técnico, la exposición es excelente. Javier demuestra una vez más su dominio, su capacidad para construir atmósferas, para capturar la luz justa, para que cada elemento ocupe el lugar exacto que debe ocupar. Hay una solidez en su trabajo que solo se consigue con años de práctica y una mirada entrenada.

Pero lo que realmente hace especial esta muestra no es solo la técnica impecable, sino esa carga emocional y entrañable que desprende cada pieza. Hay algo profundamente humano en estas obras. No son frías, no son distantes. Te invitan a acercarte, a mirar despacio, a reconocer en ellas tus propios objetos, tus propios recuerdos, tus propias escenas familiares.

Porque al final, todos tenemos una madre cosiendo guardada en algún rincón de la memoria. Todos tenemos una vajilla que nos devuelve a la infancia, a las comidas en familia, a los veranos en el pueblo. Y Javier y Pepa Aoiz han sabido convertir esa experiencia universal en un relato visual concreto, personal y profundamente conmovedor.

Un adelanto de lo que está por venir

Esta exposición en Studio RGF es, además, un adelanto perfecto de lo que nos espera el próximo año, cuando los hermanos Aoiz presenten su próxima exposición conjunta. Si este primer acercamiento a su trabajo en diálogo es ya tan potente, no podemos más que esperar con expectación ese proyecto más amplio que están gestando.

Desde The River seguimos de cerca la trayectoria de Javier Aoiz porque creemos firmemente en su trabajo. Sus dos piezas sobre Madrid Río que se pueden ver en nuestra galería son testimonio de esa capacidad suya para convertir lo cotidiano en arte, para hacer que miremos con otros ojos los lugares que pisamos cada día. Y esta nueva exposición confirma que su mirada sigue evolucionando, profundizando, buscando nuevas formas de contar lo que realmente importa.

Enhorabuena a ambos artistas por este trabajo tan personal y magistral. Y gracias por recordarnos que el arte, en su mejor versión, no es más que vida contada con honestidad.


Las obras de Javier Aoiz Orduna sobre Madrid Río (Puente de Perrault y Puente de Toledo) pueden verse en la colección permanente de The River.

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