Asurbanipal en CaixaForum Madrid: cómo mirar una exposición histórica

1ee20976 30d4 4e5d b79a 66eafe2a2f95 source aspect ratio default 1125010

La exposición sobre Asurbanipal en CaixaForum Madrid permite entender cómo las imágenes no solo representan el poder, sino que lo construyen. Una forma de aprender a mirar las exposiciones históricas más allá de su apariencia.

Hay una idea que suele darse por supuesta al entrar en una exposición histórica: que lo que se presenta es el pasado.

Las obras, los objetos, los restos materiales de otra época parecen ofrecer un acceso directo a lo que fue.

Sin embargo, toda exposición es, ante todo, una construcción.

No existe una presentación neutra de la historia.
Toda selección implica una interpretación: un modo de ordenar los materiales, de establecer relaciones y de proponer un sentido.

La exposición “Soy Asurbanipal, rey de Asiria” en CaixaForum Madrid se inscribe en esta lógica.

Más que reconstruir la figura de un monarca, articula un discurso en torno a la representación del poder, mostrando cómo las imágenes no solo lo reflejan, sino que lo producen.


La exposición se articula en torno a la figura de Asurbanipal, rey del Imperio asirio en el siglo VII a. C., cuyo reinado coincide con uno de los momentos de mayor expansión política y militar de Mesopotamia.

Sin embargo, el interés de la muestra no reside únicamente en la reconstrucción histórica de este periodo, sino en la forma en que dicho poder se hace visible.

Relieves, inscripciones y objetos procedentes de contextos palaciegos configuran un conjunto en el que la imagen cumple una función específica: no documentar, sino afirmar.

Las escenas de caza, las campañas militares o la representación del propio monarca no deben entenderse como registros neutrales de acontecimientos, sino como dispositivos de legitimación.

En ellas, el poder no aparece como algo que se posee, sino como algo que se construye y se exhibe de manera constante.


Lo que la exposición permite observar con claridad es que el poder, en el contexto asirio, no se limita a una estructura política o militar, sino que se configura también como una forma visual.

Las imágenes no acompañan al poder: lo producen.

En los relieves, el rey aparece sistemáticamente en una posición de dominio.
No hay ambigüedad en la escena.

El enemigo es derrotado, el orden se impone, la jerarquía se hace visible.

Pero más allá del contenido narrativo, lo relevante es la insistencia.

La repetición de estas imágenes no responde únicamente a una función decorativa, sino a una necesidad de afirmación constante.

El poder, para existir, necesita ser visto.

Y no solo visto, sino reconocido como tal.

Por eso las escenas no buscan variedad ni complejidad psicológica, sino claridad.

Cada elemento está dispuesto para reforzar una misma idea: la autoridad del monarca es incuestionable.

En este sentido, la exposición no solo muestra un conjunto de piezas arqueológicas, sino un sistema de representación.

Un modo de construir una imagen del poder que no describe la realidad, sino que la organiza.


Desde esta perspectiva, recorrer la exposición implica desplazar la atención.

No se trata únicamente de identificar escenas o reconocer episodios históricos, sino de observar cómo se construyen.

Más que preguntarse qué representa cada relieve, puede resultar más productivo atender a cómo se organiza la imagen:

la posición de las figuras,
las relaciones de escala,
la repetición de gestos y motivos.

Es en esos elementos donde se hace visible la lógica del poder.

No como contenido, sino como estructura.

Mirar la exposición desde ahí permite entender que lo que está en juego no es solo la historia de un imperio, sino la forma en que esa historia se ha hecho visible y, en cierto modo, aceptable.


En este sentido, la exposición no ofrece un acceso directo al pasado, sino a una de sus posibles construcciones.

Una forma de entender cómo las imágenes no solo registran la historia, sino que participan activamente en su elaboración.

Asurbanipal no aparece únicamente como figura histórica, sino como imagen construida.

Y es precisamente en esa construcción donde la exposición encuentra su interés principal.