CUANDO LA IMAGEN NO ES NEUTRAL: DUMILE FENI EN EL REINA SOFÍA

Hay imágenes que no se pueden mirar con distancia. Que no permiten la comodidad del espectador neutral. El Guernica africano de Dumile Feni es una de ellas. Y por primera vez en Europa, puede verse en Madrid.

En el Museo Reina Sofía hay una sala donde dos obras se miran de frente. A un lado, el Guernica de Picasso. Al otro, el Guernica africano de Dumile Feni. Treinta años las separan. Dos continentes. Dos formas distintas de violencia. Y sin embargo, algo las une de forma inmediata e inquietante.

Esa tensión es el corazón de la exposición La historia no se repite, pero rima, que puede verse en el Edificio Sabatini hasta el 22 de septiembre de 2026.

1. Quién fue Dumile Feni

Zwelidumile Geelboi Mgxaji Mslaba Feni nació en Worcester, Sudáfrica, en 1942. Creció en Johannesburgo, trabajó de aprendiz en una fundición, dibujó sin parar y nunca tuvo formación académica formal. Lo llamaron el Goya de los townships. Lo llamaron el Picasso africano. Él rechazaba las etiquetas.

Lo que sí aceptaba era el papel, el carboncillo y la urgencia de decir algo que no podía callarse.

Su obra surge en el contexto del apartheid: el régimen de segregación racial institucionalizada que gobernó Sudáfrica desde 1948 hasta 1994. Un sistema que separaba, humillaba y mataba con la impunidad de quien tiene el poder del Estado. Feni vivió eso. Lo dibujó. Y en 1968 marchó al exilio, primero a Londres, luego a Nueva York, donde murió en 1991.

2. El Guernica africano

En 1967, Feni creó su obra más conocida: African Guernica. Un dibujo monumental de casi tres metros cuadrados, ejecutado con carboncillo y lápiz sobre dos pliegos de papel de periódico pegados en horizontal.

La obra invoca a Picasso no solo en el título. Comparte con el Guernica español la paleta monocromática, la distorsión expresiva de las figuras, la fragmentación del espacio, la mezcla perturbadora de cuerpos humanos y animales. Pero lo que denuncia es diferente: no el bombardeo de una ciudad durante una guerra, sino la violencia cotidiana y sistemática del apartheid. La opresión que no llega en forma de bomba, sino de ley. De segregación. De silencio impuesto.

Nunca había salido de Sudáfrica. Esta exposición en el Reina Sofía es la primera vez que la obra viaja al extranjero.

3. El encuentro

La comisaria Tamar Garb ha diseñado el montaje con una precisión notable: el reflejo del Guernica de Picasso en el cristal que protege la obra de Feni crea una superposición visual entre las dos piezas. Las dos se contaminan mutuamente. Se responden.

Es una decisión curatorial que va más allá de lo estético. Plantea una pregunta que la exposición no resuelve, sino que deja abierta: ¿qué tienen en común la violencia de una guerra y la violencia de un régimen? ¿Qué significa que dos obras tan distintas, creadas en contextos tan diferentes, hablen el mismo lenguaje visual? La respuesta no es cómoda. Y no debería serlo.

4. La imagen como resistencia

Hay algo en el trabajo de Feni que va más allá del documento histórico. Sus figuras no ilustran el horror: lo encarnan. Los cuerpos distorsionados, los animales que se confunden con personas, las escenas que oscilan entre lo cotidiano y lo pesadillesco no buscan explicar el apartheid. Buscan hacerlo sentir.

Esa es la diferencia entre propaganda y arte. La propaganda convence. El arte obliga a posicionarse.

Feni lo sabía. Y la comisaria Garb lo subraya en la exposición: su obra escapa deliberadamente al uso del arte como eslogan o herramienta política simple. No es un cartel. Es una experiencia. La exposición incluye además otras cinco obras de Feni, entre ellas Hector Pieterson (1987), un dibujo basado en la fotografía del niño de doce años asesinado durante la represión de las protestas estudiantiles de Soweto en 1976. Y un rollo de más de cincuenta metros de longitud, You Wouldn’t Know God if He Spat in Your Eye, un diario visual de una densidad y una urgencia extraordinarias.

5. Por qué verla ahora

La historia no se repite, pero rima es también un título que interpela al presente. No hace falta señalar demasiado: las formas de la opresión cambian, pero su lógica persiste. Y el arte que las denuncia sigue siendo necesario.

Ver el Guernica africano de Dumile Feni junto al Guernica de Picasso en el Reina Sofía es una experiencia que no deja indiferente. No porque sea impactante en el sentido fácil, sino porque exige algo del espectador: que se pregunte qué está mirando, qué historia hay detrás, y qué tiene que ver esa historia con el presente.

La historia no se repite, pero rima Dumile Feni: Guernica africano Museo Reina Sofía — Edificio Sabatini, Planta 2, Sala 205.08 Hasta el 22 de septiembre de 2026 Entrada general: 12 €

Hay imágenes que no son neutrales. Que toman partido desde el primer trazo. Que no piden ser comprendidas. Piden ser enfrentadas.

El Guernica africano de Dumile Feni es una de ellas. Y Madrid tiene la oportunidad de enfrentarse a él hasta septiembre.

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